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Bienvenidos a la ERA MPT: la evolución del ultrasonido microfocalizado hacia la compactación tisular inteligente
19 febrero, 2026En su visita a Argentina, el Dr. Matheus Rodrígues compartió una mirada clínica que invita a repensar cómo entendemos el envejecimiento facial y, sobre todo, cómo acompañar al paciente con tratamientos que respeten su anatomía y su identidad.
“El envejecimiento no es un problema de una sola capa”
Entrevistador: Doctor, en tu charla hiciste mucho hincapié en que el envejecimiento no puede analizarse de forma aislada. ¿Por qué?
Dr. Matheus: Porque durante muchos años simplificamos el envejecimiento facial. Lo miramos casi exclusivamente como pérdida de volumen y lo tratamos, en consecuencia, solo reponiendo volumen. Pero el envejecimiento es un proceso estructural y multicapa: involucra la dermis, las capas de grasa, los ligamentos y las estructuras profundas.
Cuando el médico entiende esto, cambia la forma de diagnosticar y de tratar. Ya no pensamos en “qué agregar”, sino en qué estructura necesita estímulo, sostén o reposicionamiento.
Lo que hoy pide el paciente en la consulta
Entrevistador: ¿Qué ves hoy en el consultorio que es distinto a hace algunos años?
Dr. Matheus: El paciente hoy quiere resultados visibles, pero no quiere verse tratado. Quiere mejorar el contorno, la firmeza, la calidad de piel, pero sin exceso de volumen y con bajo tiempo de recuperación. Y eso nos exige como médicos ser más precisos, más estratégicos y menos repetitivos en las indicaciones.
Dermis, grasa y ligamentos: qué mirar antes de indicar
Entrevistador: ¿Cuáles son las estructuras clave que el médico debería evaluar?
Dermis: con los años pierde actividad fibroblástica y colágeno. Si no estimulamos esa capa, la piel no responde.
Grasa: no toda la grasa se comporta igual. Hay zonas donde se pierde volumen y otras donde se desplaza o aumenta.
Ligamentos: son el sostén facial. Envejecen, pierden tensión y condicionan el descenso de los tejidos.
SMAS: es una estructura continua fundamental para el efecto lifting, incluso en tratamientos no quirúrgicos.
Cuando entendemos este mapa, podemos elegir mejor qué herramienta usar y dónde.
Tecnologías que acompañan este enfoque
Entrevistador: En ese contexto, ¿qué lugar ocupa el ultrasonido microfocalizado?
Es una tecnología que permite trabajar en profundidad y con precisión, generando puntos de coagulación térmica controlada. Eso produce una contracción inmediata del tejido y, luego, un proceso de regeneración con producción de nuevo colágeno.
Lo interesante es que el efecto no es solo inmediato: los resultados siguen mejorando con el tiempo, especialmente a los 30 y 60 días.
Diferentes objetivos, diferentes modos de energía
Entrevistador: Hablaste de que no todo es lifting. ¿Podés explicarlo?
Exacto. No siempre buscamos lo mismo.
Hay momentos donde queremos lifting y tensado, y otros donde necesitamos compactar tejido o incluso compactar grasa en zonas específicas.
Por eso es importante diferenciar:
Modos de energía que generan contracción multidireccional (ideales para flacidez),
Y modos que generan compactación más localizada.
No es uno mejor que otro: es indicación correcta según el caso.
El valor de la personalización
Entrevistador: ¿Existe un protocolo estándar?
No. Existen principios, no recetas.
Cada paciente necesita una combinación distinta: dónde estimular colágeno, dónde tensar, dónde compactar y dónde no tocar. Hoy el gran diferencial del médico es saber elegir.
Seguimiento: una herramienta clínica y comunicacional
Entrevistador: Recomendaste mucho el seguimiento con fotos.
Sí, porque el paciente muchas veces se acostumbra rápido a su imagen. El cambio inmediato es visible, pero el verdadero impacto aparece con el tiempo. Mostrar comparativas a los 45 y 90 días no solo valida el tratamiento, sino que fortalece la confianza médico–paciente.
Reflexión final
Entrevistador: Si tuvieras que resumir el mensaje para la comunidad médica, ¿cuál sería?
Que el rejuvenecimiento hoy no pasa por hacer más, sino por hacer mejor. Entender la anatomía, respetar las estructuras y elegir la herramienta adecuada para cada objetivo. Cuando eso sucede, los resultados son más naturales, más duraderos y el paciente lo percibe.
Este cambio de mirada —entender el envejecimiento como un proceso multicapa y no como un problema de volumen— también exige herramientas que acompañen ese razonamiento clínico.
Tecnologías como el ultrasonido microfocalizado y macrofocado, en particular plataformas que permiten trabajar con distintos planos, profundidades y modos de energía, se integran hoy como un aliado para el médico que busca personalizar tratamientos, ampliar indicaciones y responder mejor a la demanda actual del paciente.
El Ultraformer MPT se inscribe dentro de este enfoque: no como una solución única, sino como una herramienta versátil que permite estimular colágeno, generar tensado, compactar tejidos cuando está indicado y trabajar estructuras profundas, respetando la anatomía y el criterio médico.
Porque, como remarca el Dr. Matheus Rodrigues, el diferencial ya no está en hacer más procedimientos, sino en contar con recursos que permitan elegir mejor cómo, dónde y por qué tratar.
La tecnología acompaña y potencia pero el criterio médico sigue siendo el centro del resultado.
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